¿SON NECESARIOS LOS GURÚS DEL VINO?

¿Quién no ha oído hablar de Robert Parker? En el mundo del vino, probablemente no haya nadie que no sepa quién es este abogado estadounidense, y no precisamente por su trayectoria como letrado. Su pasión por el vino le condujo al lanzamiento en 1978 de The Wine Advocate, un medio desde el cual hacerse eco de sus opiniones sobre los vinos que probaba. Cuarenta años después, las puntuaciones publicadas en esta revista son respetadas y condicionan la comercialización del vino en el mundo.

Discutido o respetado por unos y otros, el caso es que Robert Parker sigue abanderando las críticas de vino a nivel internacional, pero a su nombre se han añadido otros que se han ganado el respeto de las gentes del vino. Tim Atkin, Jancis Robinson o James Suckling recorren viñedos y bodegas, catan los vinos consolidados y los que no son más que promesas, y emiten sus veredictos a través de los distintos medios y canales en los que publican.

La globalización ha hecho que estos críticos y sus opiniones sean lo común en el territorio nacional, pero en España también tenemos nuestros propios gurús. Uno de los más mediáticos, sin duda, es José Peñín, quien lanzó su famosa guía verde en 1990, un vademécum que lleva ya 27 ediciones y donde se catan más de 11.500 vinos. Sin embargo, la de Peñín no es la guía decana, ya que la Guía de Vinos Gourmets lleva ya 33 ediciones. Y a estas hay que añadir por relevancia la Guía Proensa, que, aunque más joven, se ha posicionado por el respeto que le depara el mundo vinícola a Andrés Proensa, periodista del vino y fundador de la guía.

A las guías habría que añadir, además, a los críticos y especialistas que hablan del vino habitualmente en todo tipo de publicaciones, desde Carlos Delgado a Joan Gómez Pallarès. Un buen nutrido puñado de nombres que han dedicado su tiempo y su conocimiento a trasladar al lector sus criterios acerca de los vinos día a día, semana a semana, mes a mes.

Pero volvamos al principio, ¿son necesarios los gurús del vino? Hay más de una razón para contestar a esta pregunta afirmativamente. Ante todo, su labor durante todos estos años ha sido dar visibilidad al trabajo de los elaboradores, y, más aún, darle valor, dar valor al vino, que ha dejado de ser un simple producto de consumo popular para convertirse en un producto gastronómico que merece ser apreciado. Pero más aún, sus publicaciones han contribuido a dar a conocer lo que hay detrás de cada botella: filosofía, pasión, trabajo, tradición, innovación, diseño, técnica, inversión y un largo etcétera.

Eduardo y Víctor Hernáiz siempre han respetado la opinión de los críticos, y cada vez que los grandes nombres de la crítica vinícola hablan bien de nuestros vinos todo el equipo de la bodega se alegra, porque representa el reconocimiento a un trabajo bien hecho. Pero porque, además de todo lo dicho, la opinión de los críticos es una garantía de calidad para el consumidor final. Y para nosotros, no hay mejor carta de presentación.

FOTO PORTADA (http://www.vinos-blog.com/)

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